La termografía en el diagnóstico y tratamiento del dolor

 

El dolor ha sido la queja más frecuente que lleva a los pacientes a buscar atención médica siempre y cuando el medicamento comenzó a hacer estudios estadísticos sobre la incidencia y prevalencia de enfermedades (Lippe y otros, 2010). Los últimos números de NIH (Instituto Nacional de la Salud) estima que 116 millones de pacientes cada año buscan los servicios de salud a causa de dolor en los EE.UU., con un coste estimado de diagnóstico y tratamiento que oscila entre 500 y 600 mil millones de dólares (Bruns y Disorbio, 2014). Por otro lado, los datos epidemiológicos de diferentes países apuntan a un aumento de la prevalencia del dolor crónico en el mundo, en los últimos 10 años (Borsook y Kalso, 2013). En todos los síntomas descritos en la medicina, el dolor es la entidad que se asocia sobre la percepción del dolor, y severa con consecuencias dramáticas para los pacientes (Fishbain, 2015). De acuerdo con Ingvar (2015), el dolor crónico es un síntoma devastadora, tanto para el individuo como para la sociedad en general, que afecta ya a cerca de un cuarto de la población mundial. Desde el punto de vista del paciente, el dolor crónico genera disminución o pérdida de la capacidad de trabajo, pérdida de autoestima, agresividad, depresión, ansiedad, insomnio, y el resultado en el suicidio en los casos graves (Burke y cols, 2015).

Todo lo anterior, así como la realización de cientos de otros estudios citados aquí, seleccione el mismo punto, y que se expresó en la Primera Cumbre de Medicina del Dolor, que se produjo en 2010: Es necesario concentrar más esfuerzos en el tratamiento y prevención dolor crónico (Lippe y otros, 2010). Entre las deficiencias que viene señalado por los autores, la falta de herramientas más objetivas para medir el dolor es uno de los impedimentos para el progreso en la terapia (Malhotra y Mackey, 2012). Ya Upp y otros (2013) sostienen que todos los recursos que resultan válidos en la clínica, deben ser utilizadas, incluyendo aquellos que se consideran medicina complementaria y alternativa. El autor menciona que en varios centros de tratamiento del dolor, técnicas como la acupuntura, la hipnosis, la meditación y la manipulación del cuerpo ha demostrado ser eficaz en el alivio del dolor.

Borsook y Kalso (2013) en su reciente revisión de la atención de llamadas sujetas a la urgente necesidad de adaptarse cada vez más recursos utilizados en el tratamiento del dolor a las características altamente individuales de respuesta a los tratamientos. Esto significa ampliar la gama de opciones terapéuticas disponibles, así como herramientas de investigación para la medición objetiva del dolor, más eficiente que las escalas de evaluación subjetiva. En este contexto, una técnica que tiene mucho que añadir en la calidad y velocidad de diagnóstico de dolor, dando algunos elementos en su ubicación precisa, la gravedad y la intensidad es la termografía médica (Nahm, 2013). La termografía ayuda al diagnóstico de dolor neuropático, la naturaleza inflamatoria de dolor, trauma, dolor de cabeza, infección y dolor miofascial, y de controlar mejor la respuesta al tratamiento (Nahm, 2013).

Muchos autores han descrito el potencial y aplicaciones de la termografía en el diagnóstico y tratamiento del dolor desde los años 70 La primera revisión sobre el tema fue publicado por Bergtholdt en 1979, la evaluación de su uso como una herramienta de diagnóstico en pacientes con neuropatía diabética. En 1982, Hobbins hizo una revisión más completa, que muestra la eficiencia en el diagnóstico de fuente de dolor inflamatorio y el músculo. Rosenblum (1985) se informó por primera vez en la literatura que permiten mapa termográfico objetivamente la piel, la región donde el dolor se percibe por el paciente.

En 1991, Gratt y Sickles hicieron la primera revisión del empleo para el diagnóstico de pulpitis y otras causas de dolor dental, y eso es decir que, desde entonces, las publicaciones en el dolor en esta área ha sido significativo. En 1992, Yang y Yang hizo una revisión general de la literatura termografía publicado hasta la fecha, llegando a la conclusión de que el dolor inflamatorio era uno de sus principales aplicaciones en la práctica médica. Wakamiya (1992) también exploró la aplicación de la termografía en el dolor neuropático. Desde entonces ha habido muchas publicaciones que serán discutidos específicamente por delante. Otra publicación de gran importancia fue hecho por Hamaguchi (2014), que, en un artículo reciente, rescató el concepto de “termátomo” creado por Igarashi (1990), que describe las peculiaridades termográficas de compresión de la raíz del dolor, que no siempre sigue la segmentación dermatomas de tener su propia construcción espacial, sino que deben ser reconocidos y tienen importancia clínica. La discrepancia entre los hallazgos termográficos y los segmentos (dermatomas) afectados por patologías espinales, ha sido un descalifican los investigadores termografía poco acostumbrado a la profundidad de los conocimientos ya publicados.

Otra crítica que necesita ser mencionado es la realizada por Saxena y Willital (2008), el sector de pediatría del Hospital de la Universidad de Graz, Austria. En ella se reportan los resultados de 10 años de uso de la termografía en el sector, donde se realizaron 483 pruebas. La termografía se utiliza en la ubicación de búsqueda de dolor o lesión, especialmente en niños menores de dos años, todavía no ha podido comunicarse. Entre las enfermedades diagnosticadas en la sala de emergencia con el método, los autores citan trombosis venosa, isquemia de las extremidades, en las enfermedades generales inflamatorias, varicocele, infección, trauma, hemangiomas y otras malformaciones vasculares. Inicialmente introducido experimentalmente en el hospital, que actualmente está siendo utilizado en todos los niños con diagnóstico indefinido. La termografía se consideró en esta revisión, una excelente herramienta para el diagnóstico rápido en caso de emergencia, de bajo costo, fácil de realizar, no invasiva y permite un control evolutivo ágil y eficiente de algunas patologías.

Otro punto interesante es que la termografía tiene una línea muy grande con la acupuntura, de las técnicas adicionales que sobresale en el tratamiento del dolor. No sólo permite un diagnóstico más sofisticados, lo que ayuda a elegir los puntos más adecuados, así como dar subsidios a la evaluación del marco evolutivo (Thomas y otros, 1992). De acuerdo con la Guía legislativa para el manejo del dolor, publicado por la Organización Mundial de la Salud, el control de los medicamentos para el dolor son menos eficaces en el dolor crónico, y causar muchos efectos secundarios, lo que requiere unirse a otros enfoques. La acupuntura es una de las técnicas más prometedoras en el tratamiento del dolor, y el documento recomienda formalmente su uso en el dolor crónico (Kumar, 2007). Centro de Estudios de cuidados paliativos para el control del dolor en Doeremberg Centro Médico confirmó que la introducción de agujas a los analgésicos puntos de acupuntura, como el punto de Él Gu (4 M), modificar los hallazgos termográficos de dolor, mientras que el reduce la percepción del dolor (Agarwal-Kozlowski y otros, 2009). Esto hace que la termografía una excelente herramienta para la evaluación y seguimiento de la acupuntura aplicada al tratamiento del dolor crónico (Agarwal-Kozlowski y otros, 2009).

La termografía puestos de trabajo en el dolor son bastante extensas, e incluyen dolor secundario a las causas y mecanismos fisiopatológicos distintos (Nahm, 2013). La termografía permite identificar diferentes procesos implicados en o resultantes en la patogénesis del dolor, tales como la inflamación, reflexiones SNA, cambios en la sensibilidad de la piel, cambios en el tono muscular, la isquemia, y la vasodilatación, que se expresan a través de la asimetría térmica en la piel (Nahm, 2013) . El uso de estos elementos es posible identificar la posible causa del dolor, de su longitud, y con frecuencia la ubicación del fenómeno patológico (Nahm, 2013). Incluso cuando el dolor no tiene una causa definida, termografía puede trazarlo (Hendler, 1982). Teniendo en cuenta este potencial, se analizan por separado los trabajos de termografía en diferentes tipos de dolor.

El dolor inflamatorio : En los años 80, algunos autores han reportado resultados alentadores con el uso de la termografía en el control de la inflamación articular. De acuerdo a la informe realizado en el tiempo, la termografía permitió a identificar las principales articulaciones afectadas por artritis rápida y eficiente, y servir como una excelente prueba para el control de la respuesta terapéutica (Viitanen y Laaksonen, 1987). El examen se puede realizar en el momento de la consulta médica, lo que permite tomar decisiones rápidas sobre la dosificación, la introducción de nuevos fármacos y modificación de la conducta. En el caso de las enfermedades reumáticas en los niños la ayuda es aún mayor, ya que hay menos claridad en la descripción de los síntomas por los pacientes (Viitanen y Laaksonen, 1987).

El estudio más clásico fue publicado por Devereaux y otros (1985), mientras que la vigilancia con la termografía, 20 pacientes con artritis reumatoide, durante un año. Hubo una correlación significativa (p <0,001), el índice de distribución de calor calculado a partir de las temperaturas medidas, y actividad de la enfermedad varios parámetros tales como VHS, el índice de rigidez matutina, el índice común Ritchie, y una escala dolor ocular. La termografía permite la identificación temprana de pacientes con recurrencia de actividad de la enfermedad, y ajustar el medicamento de manera más objetiva (Devereaux y otros, 1985).

Desde Rusch & al, (2000), que se utiliza la curva de recalentamiento de la piel, medida por termografía como un parámetro de actividad de la enfermedad en la artritis reumatoide seropositiva clásica. En este protocolo, después de una zona de refrigeración articulación afectada, que se repite cada minuto termografía muestra la velocidad y el patrón espacial de la recuperación de la piel regional. En este estudio, los autores consideran el parámetro termográfica más sensible y eficiente, en la evaluación de la actividad de la enfermedad, que la PCR y la VSG (Rusch y otros, 2000).

Las explicaciones de los mecanismos que hacen que la termografía ser tan eficiente en el diagnóstico de afecciones inflamatorias son al menos tres. Los primeros resultados de una razón casi obvia: calor capturado se genera por la inflamación en sí. lugar de calor es una de las tres características clave del proceso inflamatorio (Turner y col, 2014). Los resultados de calor no sólo de la vasodilatación local, sino también el aumento del metabolismo celular generada por los mediadores de la inflamación. Se recomiendan las maniobras de manera sintomática palpación de las regiones afectadas, desde los albores de la medicina, con el fin de diagnosticar la inflamación a través de un aumento de la temperatura local (Turner y col, 2014). Sin embargo la cámara termográfica es aproximadamente 50 veces más sensibles al calor, la piel humana Termorreceptores. Mientras que una cámara termográfica puede realizar variaciones centésima de grado, la piel humana única cuenta de las variaciones cerca de la mitad de un grado centígrado. Por lo tanto, no es sorprendente que este método es capaz de identificar con más precisión, las asimetrías de la piel térmicas (Usamentiaga & al, 2014).

Sin embargo, a veces incluso cuando el proceso inflamatorio se separa de la piel por los órganos o estructuras, o cuando hay una capa gruesa de tejido conjuntivo interponiendo las asimetrías térmicas puede ser capturado y se registró como imágenes. Este es el caso, por ejemplo, la asimetría se ha descrito en pacientes con sinusitis aguda (Sergeev & al, 2014). Es una situación en la que hay una hoja de hueso entre el sitio de la inflamación y la piel. Esto sugiere mecanismos más allá imágenes termográficas generadores de calor radiante puros.

El segundo mecanismo fue propuesto por Rusch & al (2000), señalando que además de tener regiones de alta temperatura adyacente a un calor de proceso inflamatoria mediada inmunológicamente con una velocidad mucho mayor que las regiones normales de la piel, después de un enfriamiento causado por la aplicación de hielo. La velocidad de calentamiento es proporcional a la transcripción de la enzima NO sintasa, y la concentración de óxido nítrico local. Esto demuestra que los mecanismos de vasodilatación locales están estrechamente ligados a la capacidad de ser área calentada (Rusch & al 2000). El exceso de producción de NO genera vasodilatación cutánea. Es posible que otros mediadores inflamatorios producidos en el sitio del proceso inflamatorio, también participan en este mecanismo (Mumingjiang & al, 2014).

Por último, el tercer mecanismo es a través de los reflejos del sistema nervioso autónomo. Incluso cuando la inflamación no es adyacente a la piel, estímulos mediadas causan vasodilatación local de SNA, causando aumento de la temperatura de la piel (Campbell y col, 2014). Mecanismos de participación de los reflejos SNA ha sido consistentemente relacionada con hallazgos termográficos en dolor y la inflamación (Nahm, 2013).

El resultado del proceso inflamatorio en la piel de la zona afectada, como se puede deducir, es siempre una hipertermia. Sin embargo, ya que los procesos inflamatorios tienen diversos mecanismos de generación de calor, las variaciones de temperatura deben ser significativas para caracterizar el dolor inflamatorio. Según Denoble & al (2010), las asimetrías térmicos por encima de 1,2 ° C en promedio, son indicativos de la inflamación, y mayor es la hipertermia diferencia de temperatura y las regiones normales con mayor certeza del diagnóstico. Ya Rubal y al (1982) sugieren que una mayor asimetría de 2 ° C es que la inflamación caracterizan. Y Denoble al (2010) encontraron una correlación positiva entre el grado de hipertermia y la asimetría térmica con la gravedad de la inflamación y el daño articular.

Entre los diferentes autores que han utilizado el termografía en el diagnóstico de dolor naturaleza inflamatoria, informando de que el método es útil en el diagnóstico, que Nakano (1984), una serie de pacientes clínicos con dolor de espalda después de un traumatismo; Y Newman al (1984) estudiaron 155 pacientes con dolor de espalda baja crónica secundaria a enfermedades reumáticas; Y Denoble al (2010) estudiaron 15 mujeres con osteoartritis de rodilla, MacDonald y otros (1994) estudiaron la respuesta terapéutica de los pacientes con artritis reumatoide con artritis de la rodilla; Altchek y Vitori (1990) investiga la evolución de trauma en la cabeza y el cuello; Y Devereaux al (1985) estudiaron 20 pacientes con artritis reumatoide; Rusch & al (2010) estudiaron la respuesta de pacientes con artritis reumatoide a la prednisolona; Y Vecchio al (1992) evaluó el potencial tendinitis del manguito rotador de diagnóstico; Viitanen y Laaksonen (1987) usando la herramienta de seguimiento como clínica en 46 pacientes con artritis reumatoide juvenil; Pernet y Villano (1984) utilizando termografía para controlar a los pacientes después de la cirugía de la cirugía de la mano;

Algunos autores han descrito resultados inexactos o desalentar con dolor inflamatorio termografía. Según Siegel & al, (1987), las asimetrías térmicos eran pocos no específica y constante en el tiempo, de poca ayuda en el diagnóstico de dolor de rodilla. Y Rubal al, (1982) compararon 62 pacientes con dolor lumbar agudo con 20 personas normales, y se encontró poca diferencia entre pacientes normales y pacientes con dolor. Rodrigues-Bigaton y colaboradores (2013) estudiaron el dolor en la articulación temporomandibular en 30 mujeres reportaron una baja exactitud del método. Emery y otros (1994) estudiaron 86 pacientes en una sala de urgencias con dolor en la fosa ilíaca derecha, para el diagnóstico de apendicitis, encontraron poca sensibilidad diagnóstica. Estos resultados muestran la necesidad de mejorar la calidad técnica y la jugabilidad de examen termográfico, en combinación con otras técnicas de imagen, y aplicar los métodos sofisticados de ensayo, tales como el enfriamiento de la piel y el recalentamiento de prueba. El uso de la metodología apropiada con una interpretación precisa, la termografía es una excelente herramienta de acompañamiento de dolor inflamatorio.

El dolor neuropático : dolor neuropático es una de las formas más comunes de dolor. Se estima que la prevalencia de dolor neuropático crónico varía de 7 a 10% de la población adulta en todo el mundo (Mulla & al, 2014). Los estudios realizados en Canadá estiman que el costo individual de tratamiento del dolor neuropático crónico, varían entre 10 y 15 mil dólares por año (Mulla & al, 2014). Sólo en los Estados Unidos, el costo anual de los pacientes con dolor neuropático gastan 40 mil millones de dólares al año (Mulla & al, 2014).

Se considera dolor neuropático no hay dolor causado por un trastorno que afecta el sistema nervioso periférico o central, que interfiere con la conducción sensorial, haciendo que la percepción del dolor por el paciente. Entre las enfermedades que pueden causar dolor neuropático tienen trastornos metabólicos (diabetes), la compresión del nervio periférico (hernia de disco, el síndrome del túnel carpiano), enfermedades que afectan a la médula espinal (síndrome de compresión de la médula espinal, tumores de la médula ósea), infección (herpes zoster ), y (síndrome idiopático de dolor regional complejo, neuralgia del trigémino) (Mulla & al, 2014).

La termografía es una excelente herramienta para el diagnóstico y manejo clínico del dolor neuropático. Con la ayuda de una cámara termográfica, es posible realizar una termoteste, que evalúa la sensibilidad periférica a calor. Es una metodología para evaluar la función del nervio aferente pequeño (Verdugo y Ochoa, 1993). Utilizando los resultados termográficas pueden detectar e identificar las áreas límites exactos de la asimetría térmica, y compararlas con las regiones de la hiperalgesia térmica, lo que resulta en un diagnóstico rápido y preciso del tipo de la región donde se produce el problema (Verdugo y Ochoa, 1993) .

El dolor neuropático causa cambios en temperatura de la piel, por respuestas reflejas fibras SNA mediadas. La vasoconstricción cutánea más común se produce, acompañado por la hipotermia, hipertermia, pero también se producen patrones, tales como neuralgia post-herpética (Verdugo y Ochoa, 1993). Los hallazgos termográficos en muchos casos se acompañan de síntomas subjetivos tales como averção al frío o calor, hiperalgesia, alodinia, parestesias y disestesias. Mediante la combinación de clínica y termográfica es posible mapear dolor con relativa precisión, y realizar un seguimiento de sus empleados con los tratamientos de reducción (Verdugo y Ochoa, 1993).

Entre las diferentes patologías que producen dolor neuropático, que se investigó adicionalmente como al uso de termografía en el diagnóstico y seguimiento clínico, es el síndrome de dolor regional complejo – CRPS (Choi y col, 2013). Es de destacar que hay muchas viejas publicaciones donde SCDR también es conocida como distrofia simpática refleja (Álvarez-Lario y otros, 2001). Ambos diagnósticos son llamados aquí por el acrónimo SCDR.

Los primeros informes en la literatura médica sobre termografía SCDR data de 1981, hechos por Uematsu y otros, Departamento de Neurocirugía, Hospital John Hopkins en los Estados Unidos, cuando se presenta como una técnica eficaz para el diagnóstico de esta enfermedad. Entonces Ecker (1984) hallazgos también reportados han encontrado que las asimetrías térmicas en lugares de dolor, CRPS. También, Coughlan y otros (1987) hicieron uso de imágenes termográficas para cerrar el diagnóstico de CRPS en 33 dolor joven de rodilla de soporte, sin daño detectable para justificar el dolor. conclusiones similares sobre la gran sensibilidad y precisión de CRPS termografía, fueron reportados por Perelman y otros (1987)

En un estudio sobre los efectos terapéuticos de isosorbida en SCDR, se utilizó la termografía para identificar las áreas de hipotermia, así como en el control de la respuesta clínica cuando se observó un aumento de hasta 4 ° C en las zonas tratadas (Groeneweg & al, 2008). Jeong y otros (2013) utilizaron imágenes de termografía en el diagnóstico de SDRC secundaria a una angiografía coronaria por vía radial. El método se consideró útil y lo único que puede confirmar el diagnóstico. Choi (2013) informó de un alto grado de precisión y sensibilidad en un estudio con 28 pacientes con CRPS. Niehof (2006) en una revisión de 12 pacientes, describe las pruebas de estrés por frío y calor, mejorar la precisión y la sensibilidad de SCRD de diagnóstico por termografía. Los resultados también publicados apoyan el uso de la termografía en el diagnóstico de CRPS Friedman (1994), Pochaczevsky (1987), Brühl (1996), y (Karstetter y Sherman, 1991).

Otra patología de onda que hay suficiente material publicado es la compresión radiculopatía lumbar. Los dos estudios publicados en el Journal of Neurosurgery en 1988 por el grupo del profesor Uematsu, Departamento de Neurocirugía, Hospital John Hopkins, son un hito para la termografía en la radiculopatía lumbar. Los entusiastas del método, es rápido, barato y no invasivo, Uematsu y otros, en sus publicaciones, se habla de normas termografía normal, y la manera de diferenciar el dolor muscular de la compresión de la raíz nerviosa.

El tema ha sido motivo de controversia, con los aficionados y críticos severos, la publicación en la literatura en los últimos años. Hildebrandt y otros (1987) estudiaron 84 pacientes con diagnóstico irradiado y principios de la hernia de disco lumbar dolor, la búsqueda de las asimetrías térmicas en 83 de ellos. Sin embargo no había una clara correlación entre las asimetrías térmicas y ubicación de la compresión de la raíz. En Gillstrom de publicación (1985), 52 pacientes con disco lumbociatalgia clínica por compresión, la termografía mostraron asimetrías térmicas en 51 de ellos con hipotermia 1 ° C o más. El autor informó de una correlación positiva entre la gravedad de la compresión y el grado de hipotermia observó sino también los patrones de asimetría térmica no cumplía con la ubicación de los dermatomas piel afectada.

Así y otros (1989) estudiaron 27 personas normales y 30 pacientes con termografía inespecífica de compresión de disco lumbar y considerada incapaz de discriminar la altura exacta de la lesión de la raíz. Sin embargo, hubo una coincidencia del 99% entre los resultados de la termografía y eletreneuromiografia. Sin embargo, el autor considera el método de poco valor para el diagnóstico. En 1982, Feldman y Pochaczevsky usando una técnica rudimentaria de termografía con cristales de colesterol en contacto con la piel, se ha descrito que la termografía asistida en la elección de los pacientes más graves que deben ser referidos a la mielografía, el grado de asimetría térmica identificado.

Entre los estudios descalificar termografía pena mencionar Al & McCulloch (1993), que comparó en 56 pacientes después de la operación exitosa de discectomía lumbar con 56 asintomáticos. se les dio los termogramas de interpretar a ciegas dos termografistas, precisión y operados para separar no operado fue sólo 45%. Desde Hoffman (1991) da un objetivo de análisis, que dijo precisa y evalúa que la mayoría de los estudios publicados sobre la compresión de la raíz lumbar termografía, que apoyan el método no tiene en cuenta criterios de evidencia científica.

Es esencial, por último, recuerde, el nuevo concepto de Termátomo, lo que sería el componente doloroso distribución espejo réflex, y su expresión en la piel, y no un momento de la identificación de lesiones de la médula. El término capturada por la termometría da a conocer, sino de la intensidad y el alcance de la respuesta del sistema nervioso autónomo, que puede tener una importancia en el desarrollo y la gravedad de las secuelas neurológicas Algic (Hamaguchi, 2014)

dibética polineuropatía es otra zona con muchas pruebas alentadoras, el uso de la termografía. Brånemark (1967) hizo el primer estudio en la literatura que describe la capacidad de la detección precoz de complicaciones termografía periféricos de diabetes. Poemny ya? Y Vinogradov (1977) demostraron la posibilidad de utilizar la termografía en el diagnóstico específico de la polineuropatía diabética. Este trabajo se ha estudiado y revisado por Verdugo y Ochoa (1993), una obra bastante extensa y cuidadosa, concluyendo que “La termografía detecta de manera sensible y describe con precisión las áreas de la piel cambio térmico, que expresa los cambios de origen neurosensorial” . Chan y otros (1991) informaron de un estudio de 25 pacientes con neuropatía diabética dolorosa, la termografía identificado con sensibilidad y precisión, las áreas de aumento de la inflamación y la fístula arteriovenosa, y también fueron más probable es que la aparición de úlceras.

Sun y otros (2005) que realiza el pie termografía 62 pacientes diabéticos diangóstico sin neuropatía y se compararon con 15 controles sanos estudiados con el fin de desarrollar un protocolo para el examen. Los pacientes con diabetes y la hipertermia se centra en la planta del pie, exhibieron señales abolición en respuesta simpática cutánea. Estos pacientes fueron considerados en mayor riesgo de desarrollar neuropatía diabética.

Recientemente, investigadores del Laboratorio de Histofisiología comparativo UFRGS, llevaron a cabo otro estudio clínico que refuerza fuertemente la consistencia del uso de la termografía en la neuropatía diabética. La evaluación de 42 pacientes con diabetes o intolerancia a la glucosa, imágenes termográficas plantares se obtuvieron después de una prueba de provocación por el frío. Se evaluaron dos parámetros: la tasa de recuperación térmica, y el grado de anisotermia interdigital. El grupo se comparó con 37 personas sanas. En los pacientes diabéticos, la sensibilidad de la prueba fue de 81,3% y 46,2% de especificidad. El grado de anisotermia interdigital se considera el parámetro más fiable, una, y la planta de la termografía se consideró un examen valiosa en la investigación de la neuropatía diabética. (Balbinot y otros, 2012).

Mazilu & al (2011) añaden otro resultado positivo, el antes indicado. 60 el estudio de pacientes con diabetes, con un grupo de control de personas normales, electromiografía termográfico y comparar (imagen de referencia y la tasa de recuperación térmica). La imagen térmica fue más sensible y más eficiente en el diagnóstico precoz de polineuroparia diabética que electromiografía, y ser no invasivo, no incurre en riesgo de infección, mayor en estos pacientes.

Revisión de avances en la investigación en la fisiopatología de las polineuropatías dolorosas, se encontró que afectan a la fibra tipo C, delgado, lenta y conducen a dolor. Mientras que los receptores nociceptivos y estas fibras se vuelven poco disfuncional excitable, los axones se convierten hiperexcitabilidad y pueden despolarizar espontáneamente. También hay la excitabilidad del motor, lo que provoca vasodilatación. Es una imagen que se asemeja al efecto local de la capsaicina, que mezcla una sensación de dolor y ardor (Ochoa y otros, 2005). pruebas neurofisiológicas convencionales evalúan fibras sensoriales mielinizadas A delta exclusivamente. Los cambios en fibras no de mielina de tipo C sólo pueden ser detectados por las pruebas que pueden medir el flujo sanguíneo cutáneo, tales como la termografía capilar y flujometría Doppler (Santiago & al, 2000).

Además de la información anterior, hay otras condiciones que causan dolor neuropático, en el que el seguimiento clínico o diagnóstico por termografía resultaron valiosos, y son los siguientes: diagnóstico y seguimiento de la neuralgia post-herpética temprana (Park & ​​otros, 2012; Lee JW y otros, 2010; Ammer y otros, 2001); diagnóstico diferencial del síndrome del túnel carpiano (Bleecker y Agnew, 1987; Jesensek Papez & al, 2008; Herrick y Herrick, 1987); diagnóstico de la neuralgia del trigémino (Hardy y col, 1989; Gratt y Anbar, 1998); diagnóstico fantasma dolor y seguimiento (K & Kristen, 1984; Bruno y Sherman, 1987); diagnóstico y seguimiento de síndrome de salida torácica (Sucher, 1990; Ellis y Cheng, 2003; Herrick y Herrick, 1987).

Dolor de origen vascular : El sistema circulatorio se estudia , y una fuente conocida de dolor con la fisiopatología muy específico. Desde el punto de vista conceptual el origen vascular de dolor se produce cuando la causa de los fenómenos vascular primaria surge, y el tratamiento depende de la solución fenómenos respectivo (Sanz y Castrillo al, 2011). Así que hay dos tipos básicos de origen vascular del dolor: el dolor y el dolor isquémico secundario a la vasodilatación. Considerando que la termografía muestra en particular la sensibilidad para detectar los fenómenos vascular, que tiene un gran potencial para el diagnóstico de este tipo de dolor (Hsieh y col, 1990; Winsor & Winsor, 1985). Estudios de láser Dopller micro-flujo, que generan imágenes de la perfusión tisular, con una sensibilidad similar a la termografía, refuerzan la aplicación de ambas técnicas en origen vascular del dolor (Grothusen y Schwartzman, 2011)

dolor isquémico se produce cuando un tipo de la obstrucción del flujo normal de la sangre en el tejido y el lecho vascular del vaso se interrumpió región sin suministro adecuado de oxígeno, operando en anaerobiosis. Anaeróbico metabolismo causa acidosis metabólica y la consiguiente disminución en el pH extremos estimular fibras nocioceptivas (Ouma & al, 2013). Las causas más comunes de isquemia son la enfermedad ateromatosa, embolia arterial, y la vasoconstricción patológica. La isquemia genera una marcada hipotermia regional o la falta de calor traído por la sangre, o al reducir el metabolismo local que puede ser fácilmente identificado por termografía (Hsieh y col, 1990).

La exposición crónica puro al frío, como puede ocurrir en el ambiente de trabajo, puede conducir a la vasoconstricción mantiene por encima de los extremos, acompañado por una alta dolor local y la hipotermia. El diagnóstico de la hipotermia, y el seguimiento de la mejora, debido a la lejanía de las funciones, seguido de tratamiento con un vasodilatador, se pueden hacer con la termografía (Buzanello y Moro, 2012). Los pacientes con lesión del nervio mediano o cubital desarrollan una intolerancia al frío, que es de etiología desconocida. La tabla se presenta generalmente asociado con los síntomas de dolor en la extremidad afectada. La termografía ayuda a hacer el diagnóstico, mostrando un área marcada hipotermia en el territorio del nervio afectado, después de la prueba de esfuerzo en frío. La hipótesis es que los síntomas se deben a la vasoconstricción periférica (Ruijs y otros, 2008).

Los signos más clásicos de la vasoconstricción periférica por frío es el fenómeno de Raynaud, una condición cuyo diagnóstico es habitualmente clínico, pero que el seguimiento, incluyendo la respuesta a la terapia, es mucho más eficiente con la termografía de soporte (Natsuda & al, 1994; Ring & Ammer, 2012). No sólo los pacientes con clásico fenómeno de Raynaud, sino también aquellos con formas moderadas y leves de la sensibilidad al frío, se pueden identificar mediante termografía por un aumento de los desequilibrios térmicos y las diferencias de temperatura entre el carpo y de los dedos (Chlebicka y otros, 2013). Schlager y otros (2010) concluyeron que la termografía tiene la misma sensibilidad para evaluar la perfusión capilar periférica en pacientes con Raynaud, la micro-flujo láser-Doppler.

Una revisión de estudios clínicos de la termografía en el diagnóstico y seguimiento del fenómeno de Raynaud concluyó que los estudios publicados son muy heterogéneos, utilizando diferentes metodologías y criterios de evaluación, lo que dificulta las conclusiones más consistentes, como un meta-análisis. El estudio de revisión involucró a 32 pacientes que comprende 654. En la mayoría de los estudios, sin embargo, hubo una alta concordancia entre los hallazgos termográficos, el examen físico y los síntomas, y los autores de los estudios informaron que la termografía asistida en el seguimiento clínico (Pauling y otros, 2012).

Además de los fenómenos de vasoconstricción, obstrucción arterial por la enfermedad aterosclerótica puede causar dolor significativo. La termografía se ha demostrado ser una técnica excelente en la detección preliminar de pacientes con oclusión arterial en la arteria ilíaca y femoral, y sintomática o asintomática. De acuerdo con Huang y col. (2011), termografía post-ejercicio que muestra empeoramiento paradójico de la hipotermia en comparación con un miembro de la elevación de la temperatura en los pacientes normales, es una fuerte indicación para cerrar el diagnóstico, no invasiva y de bajo costo rápido,. Debe añadirse que la evolución tecnológica de imágenes térmicas está permitiendo la sofisticación de diagnóstico cardiovascular, y permitiendo incluso la identificación de las placas ateroscleróticas inestables, lo que facilita la prevención de eventos isquémicos agudos (Stefanadis & al, 2002)

En el seguimiento clínico del paciente isquémico, la termografía es una gran ayuda, ya que permite la identificación de la trama, ya durante la consulta clínica, o cambios en el marco, en particular en el caso de las agravaciones que requieren intervención terapéutica inmediata (Hsieh y otros, 1990 ). Los pacientes con isquemia grave que requiere un diagnóstico y cirugía eficiente y muy rápido, o correr el riesgo de perder una extremidad (Ouma y otros, 2013). La termografía puede ayudar en estos casos, la facilidad de aplicación y se puede hacer en la cama, sin la necesidad de retirar del paciente (Winsor & Winsor, 1984). Bagavathiappan y al (2009) también informaron de la alta eficiencia de la termografía para identificar a los pacientes con rapidez y precisión con los miembros de isquemia por estrechamiento arterial debido a la aterosclerosis.

Eventualmente la isquemia puede ser causada por algún tipo de la presión arterial, como ocurre en el síndrome de piernas compartimiento. Son condiciones que pueden empeorar rápidamente dando lugar a necrosis de las extremidades. La termografía permite el diagnóstico precoz, que permite la cirugía para evitar las complicaciones isquémicas graves. Esta fue la conclusión de un estudio de 164 pacientes con trauma múltiple, donde 11 de ellos desarrollaron el síndrome, y se identificaron por la asimetría térmica superior a 1,80 ° C (al y Katz, 2008).

Una forma atípica de dolor isquémico ocurre en pacientes con insuficiencia venosa. Son pacientes que desarrollan la enfermedad hipertensiva venocapilar, y que a menudo no pueden ser evidencia de las venas varicosas y la insuficiencia de los grandes vasos. La isquemia se produce porque hay una gran cantidad de estasis en la circulación capilar, evitando la llegada de nueva sangre oxigenada. Es una situación poco frecuente en la región isquémica muestra una imagen en el termograma de hipertermia (Bagavathiappan y otros, 2009). hipertermia local en este caso puede ser un factor agravante de la hipoxia tisular, teniendo en cuenta que aumenta la demanda metabólica, lo que agrava la acidosis que causa dolor (Bagavathiappan y otros, 2009). Sin embargo, en las zonas donde la isquemia se vuelve más grave, que corresponden a los sitios de aparición de úlceras por insuficiencia venosa, y se puede observar la aparición de brotes anteriores de hipotermia. En llagas abiertas, los bordes son centro de hipertermia y la hipotermia (Mercer y otros, 2008).

Cuando, en cambio, el sistema vascular trae más sangre que sea necesario, también puede surgir dolor. En tales casos, hay una vasodilatación muy violento, fuerte distensión vascular, asociada con la liberación de algunos mediadores inflamatorios, causar un dolor punzante, que suele ser de alta intensidad. El cuadro clásico es de dolores de cabeza. Como ya se ha explicado, los termogramas se pueden identificar con claridad y fiabilidad, las áreas del cuerpo humano donde hay vasodilatación anormal. Estas son las áreas que aparecen asimetrías de hipertermia y agudos de temperatura en relación con las regiones o región contralateral (Ford y Ford, 1997).

Lanza y col. (1973) describieron las asimetrías en las imágenes termográficas de la cabeza en los pacientes con migraña. Varios autores ya han estado reportando cambios similares en la cabeza termografía, obtenidos en estos pacientes. El principal cambio es una hipertermia identificado en la zona afectada por el dolor durante el episodio doloroso (Ford y Ford, 1997). Los pacientes con la migraña y la cefalea de tensión pueden tener asimetrías térmicos en la cara, como resultado de las reflexiones secundarias intensidad del dolor vascular (Drummond y Lance, 1984). Además, la reducción del área de la hipertermia después del tratamiento corresponde a la mejoría clínica de dolor de cabeza, que muestra una correlación entre la vasodilatación y la hipertermia (y Mongini al, 1993; & Parrinello al, 1998).

Gratt y Anbar (2005) estudiaron cinco pacientes con dolor orofacial crónica de etiología incierta, y el uso de un grupo de 59 pacientes sanos como controles, mostraron que no hipertermia facial en la región mencionada por el dolor, y que esto se correlaciona con un aumento en óxido de suero dolor en los pacientes (media 65,9 microM contra el dolor en pacientes con normal en el 42,7 microM – p <0,005).

Y Wolstein al (1993) llevó a cabo un estudio en 54 niños que sufren de migraña en comparación a la normalidad 10, en el que la termografía se consideró muy eficiente: sólo el 17,5% de los pacientes había pruebas interpretado como anormal. Sin embargo, la metodología tenía muchos defectos: termografía se hizo entre los episodios de dolor de cabeza, no durante, el tipo de termografía (contacto) utilizado es muy sensible, y los criterios de interpretación de los resultados eran muy poco específica.

Por otro lado, sabemos que la vasodilatación no es el único evento vascular observada en la migraña. En general, los episodios son precedidos por la vasoconstricción, y esto probablemente explica la presencia de áreas de hipotermia en estos pacientes. En 1991, Dalla Back & al estudiaron 246 pacientes con migraña a través de imágenes termográficas, regiones hipotermia describen en el 83,7% de los casos. También se informó de regiones de hipotermia en la región de la nariz de los pacientes con dolor de cabeza por Zaproudina & al (2013), y la asimetría térmica potenciada por la ingesta de nitroglicerina.

Al mismo tiempo, la refrigeración en las áreas de cabeza hipertermia documentados por serial termografía corresponden a reducir el dolor, y se puede utilizar como una herramienta de monitorización del efecto de los medicamentos utilizados en el tratamiento de la migraña, tales como el sumatriptán (Parrinello & al, 1998).

Áreas de vasodilatación hipertermia secundaria acompañados por regiones hipotérmicos a intervalos de convulsiones, especialmente en el área periocular se describen adicionalmente en pacientes con cefalea en racimo en (Drummond, 1988). En esta patología, eventos vasculares son prominentes, y cambios termográficas se han descrito en la 70 (Madera y Friedman, 1976).

En eritromialgia, la vasodilatación es también un fenómeno clave en la génesis del dolor. Esto hace que la termografía una herramienta muy eficaz para el control clínico de la evolución del problema (Gaur y Koroscil, 2009). En secundaria a trastornos mieloproliferativos eritromelalgia, termografía muestra el mismo potencial (Kang y col, 2013). Es un instrumento para el seguimiento de la evolución clínica, y permite una evaluación más objetiva de la intensidad de los síntomas de dolor, que se utiliza para afinar la medicación (Michiels y otros, 1985; Kang y otros, 2013).

origen de dolor miofascial : origina el dolor de músculo, como consecuencia de tono muscular excesiva, músculo o compresión de las estructuras adyacentes, se denomina dolor Actualmente miofascial. El sistema musculoesquelético está fuertemente influenciada del sistema nervioso que determina el tono muscular, la reactividad reflejo, y el umbral de dolor muscular. Cuando este conjunto se vuelve disfuncional, el dolor es uno de los primeros síntomas (y Dommerholt al, 2015). En este contexto, se ha descrito en los puntos de la literatura de disparo, donde las regiones de tono muscular, el umbral de dolor, y la reactividad de los músculos son distintos y más intensa que en el resto del músculo. A pesar de las dificultades iniciales de la presentación de la evidencia científica objetiva de este fenómeno, por último, en los últimos años ha sido aceptada por la mayoría de los autores. Sin embargo hay una prueba complementaria para permitir un diagnóstico definitivo, con sensibilidad y precisión adecuada, y el diagnóstico es predominantemente clínica (Dommerholt & al, 2015).

La termografía se ha propuesto como una de las herramientas más sensibles y eficientes para el diagnóstico y tratamiento clínico de la fuente de dolor miofascial de la 80 (Diakow, 1988; Fischer, 1988; Wolf, 1989). En los últimos años, el grupo de investigación del Departamento de Biomecánica, Medicina y Rehabilitación Aparato Locomotor, Ribeirão Preto USP Escuela de Medicina ha sido la investigación de la termografía de puestos de trabajo en medicina física, y publicado muchos artículos sobre el tema. El resultado del trabajo de este grupo es muy equilibrado, revelando los límites, sino también una gran indicación de diagnóstico y tratamiento de pacientes con dolor miofascial (Dibai-Filho y Guirro, 2014) termografía.

Los investigadores que estudian la fisiología del músculo muestran que el tejido muscular es uno que tiene las mayores variaciones térmicas en el cuerpo humano, ya sea por su red vascular denso, cuyo grado de dilatación y constricción varía con la demanda metabólica es la cantidad de calor que se genera en el proceso de contracción muscular (Ley y otros, 2008; al-Nakhli y otros, 2012). Esto hace que la termografía una técnica precisa y sensible en el diagnóstico de problemas musculares de diversa índole (Law y otros, 2008; Al-Nakhli & al, 2012). Además, mecanismos reflejos a través de SNA, el apalancamiento las asimetrías térmicas reportados por varios autores en los puntos de activación (Kimura y col, 2009). Por lo tanto, el punto de vista fisiológico, tiene sentido para uso de la termografía en el diagnóstico de dolor miofascial, sin embargo, no permite que la literatura publicada, hasta la fecha, una conclusión más específica sobre los parámetros de diagnóstico para este tipo de dolor (Dibai- hijo y Guirro, 2015)

Teniendo en cuenta los puntos de activación específicamente aquellos relacionados con la articulación temporomandibular, son los más documentado en la literatura, y donde hay más pruebas de eficiencia de imágenes térmicas como herramienta de diagnóstico (Pogrel & al, 1989; Weinstein y otros, 1991; Corcel 1991 , Canavan y Gratt 1985; Pogrel y otros, 1996; Kalili y Gratt, 1996; Haddad y col, 2012; Costa y col, 2013). Los autores informaron anteriores datos recogidos de más de mil pacientes, que describen hiper se centra en los puntos gatillo de los músculos masetero y temporal. En mi opinión sólo encontré el estudio de Fikackova y Ekberg (2004) con resultados muy decepcionantes, los autores, y concluyendo que “el estudio revela que el fracaso de termografía para cumplir con los criterios específicos y sensibilidad” requeridos para el diagnóstico de trastorno de la ATM .

También hay descripciones de las imágenes térmicas en el diagnóstico de las puntas del disparador inferior de la espalda (Tichauer, 1977; trinquete, 1991; Zaproudina y otros, 2006), el antebrazo (Colles y otros, 1996), de cuello uterino y trapecio (Walko y Janouschek, 1994; Pogrel, 1996 Strøm y otros, 2009; Costa, 2013), deltoides y el manguito rotador (Strøm y otros, 2009; Campbell y otros, 2012), la región sacra coccígena (Wu y otros, 2009) y levantar la escápula (Menachem y col , 1993).

Biasi y otros (1994) también mencionan el valor de la termografía en el diagnóstico y tratamiento de la fibromialgia. Ya Frymoyer y Haugh (1986) reportaron resultados interesantes en el tratamiento de pacientes con dolor de espalda y extremidades inferiores, pero apuntan a la necesidad de producción de más estudios y pruebas científicas para permitir su uso en el diagnóstico de dolor muscular.

En la literatura hay también la descripción de los resultados decepcionantes con la termografía, algunos demasiado contundente para el tamaño y la calidad del estudio, la publicación de Radhakrishna y Burnham (2001), que, después de estudiar una muestra de sólo 16 mujeres con dolor en el hombro, afirma categóricamente en su título: “la medición de la temperatura de la piel con termografía infrarroja no se pueden utilizar en los puntos dolorosos Detección miofascial”. También está el estudio de Swerdlow y Dieter (1992) 365 pacientes divididos en 4 grupos, donde los autores reportaron una baja sensibilidad y especificidad del método, y la revisión Awerbuch (1991), que concluye que la termografía no aporta ninguna mejora en la otros métodos de diagnóstico.

Conclusión : La termografía tiene un gran potencial en el diagnóstico y manejo clínico del dolor, y teniendo en cuenta el bajo costo y la seguridad de este método consiste en añadir información que puede ser fundamental para la mejora de la gestión clínica. Hay fuertes indicios de que esta técnica aportará información acerca de los parámetros de evaluación, antes sólo subjetiva, como la intensidad del dolor. La evidencia científica producido hasta ahora es suficiente para sostener esta afirmación, y en el futuro termografía ya se está convirtiendo en un examen fundamental complementaria en la evaluación médica de dolor.

 

 

 

 

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Fuente: http://alexbotsaris.com.br

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